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Archivos enero, 2012

Una casa única para un escritor único

ene 28, 2012 | Escrito por:

Casa Museo Pérez Galdós Foto Sergio Suárez Benítez

La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria no se ha prodigado en reconocer a sus hijos más ilustres con la creación de casas natales que hablen de sus obras y del tiempo en el que vivieron como ciudadanos en el entramado urbano y social de la capital.

La lista de casas natales que honran la memoria de hijos ilustres se reduce a una única, empieza con la casa natal del escritor Benito Pérez Galdós y acaba con ella. Y no es porque no hayan faltado hijos a los que reconocer sus obras o su proceder vital.

Se da la simpática paradoja de que la única casa natal museo de la ciudad representó en su tiempo también una de las más contestada de entre todas las opciones museísticas que se han planteado nunca en su historia.

Una discusión que llego a plantearse como muy subida de tono y en la que terció un obispo que solo vio razones para el rechazo de la propuesta de creación de una casa para el escritor y por su perfil manifiestamente anticlerical.

Todavía hay quien asegura a piesjuntillas, que, antes de que el escritor abandonara la isla para formarse como abogado en la capital de España, aún tuvo tiempo para descalzarse y quitar la tierra de su isla que le hubiera podido quedar dentro como trasunto de su rechazo. Nada más incierto y surrealista. Pero, vamos por partes.

A pesar de lo que mucha gente cree, Benito Pérez Galdós puede haber sido el mejor escritor de Madrid, el que mejor retrató a sus gentes, pero no nació en la capital de España, no es un escritor de Madrid, vino al mundo en Las Palmas de Gran Canaria en 1843, concretamente en la calle Cano, número 6, en el casco antiguo, donde hoy se le honra con un casa natal que es su museo. Un museo vivo.

La casa de Galdós se sitúa en el barrio de Triana, muy cerca de alguno de los mejores alojamientos y hoteles en Gran Canaria.

En ella vivió durante los primeros dieciocho y casi diecinueve años de su vida, en el tiempo en el que fue colegial y estudiante de secundaria. Hasta que una recien ganada herencia familiar, permitió a Benito, el más pequeño de los siete hijos de la familia a salir a estudiar fuera, a estudiar derecho en Madrid.

En Madrid, no estudió derecho, ni sentado, ni mucho menos en las aulas. Se aficionó a las tertulias y a escribir sus impresiones en prensa y en novelas de estética naturalista.

Sus inquietudes de hijo de clase media, de la terratenencia baja en Canarias, no le hacía candidato a ser vocero de las ideas más revolucionarias de su tiempo, como la igualdad de sexos, los derechos de los trabajadores o el papel negativo que tenía la iglesia de su tiempo en la sociedad.

Galdós fue, además, diputado de izquierdas, se significó con coherencia con las ideas que defendía y vivió amancebado, como se decía entonces, y tuvo una hija sin haberse casado.

Cuando en 1964, el Cabildo de Gran Canaria, en su deseo de crear una red lugares culturales de interés turísticos en la isla, decide crear la casa museo de Pérez Galdós en su domicilio familiar como una forma también de reivindicar su figura y canareidad, un obispo, Pildáin Zapiain, amenazó con excomulgar a quienes visitaran el museo.

El tiempo corrió puso a cada cual en su sitio y hoy la Casa Museo Pérez Galdós no sólo es un espacio en el que comprender e interpretar la vida y la obra de un escritor, como muchos afirman, un casi Nobel, sino un recurso cultural de la ciudad que sus habitantes tienen como referencia insustituible.

Si desea saber más sobre la obra de Galdós, recuerde que en Gran Canaria tiene su casa, donde no le faltarán atractivas propuestas para alojarse, como la de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria, donde estará, nunca mejor dicho, como en casa.

Casa Museo Pérez Galdós, una casa única para un escritor único.

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Base Naval, muelles a la defensiva

ene 24, 2012 | Escrito por:

La Base Naval de Las Palmas es un amplio sistema de muelles y explanadas situado al comienzo de la Avenida Mesa y López, una de las calles comerciales más importantes de la capital grancanaria.

La base naval se levantó en un lugar que ya tenía uso militar desde antiguo, justo en el sitio donde se acomodaba el viejo Castillo de Santa Catalina, uno de los baluartes de defensa del frente costero de Las Palmas de Gran Canaria.

Demolido el castillo a finales de los años treinta del siglo XX, para hacer espacio para un muelle frutero, el de Nuestra Señora del Pino, finalmente, y por necesidades de la defensa militar de Canarias, el muelle civil acabó por transformarse en una gran instalación de la Marina Española.

El Muelle de Nuestra Señora del Pino iba a convertirse en la estación de embarque centralizada del plátano que se enviaba fundamentalmente a las Islas Británicas y que, en parte, era cosechado por súbditos británicos que se habían convertido también en los principales inversores de una economía canaria que siempre había fijado su desarrollo en los monocultivos. Desde 1890, el plátano y el tomate, tomaron el relevo como monocultivos a la caña de azúcar, el vino y la cochinilla.

El final de la Guerra Civil Española y la creciente beligerancia de la Alemania nazi, obligaron al régimen de Franco a la transformación urgente del proyecto del muelle frutero para garantizar una hipotética defensa de las Islas.

Los descubrimientos y la desclasificación de la documentación secreta de esas fechas en diferentes archivos aliados y alemanes, han mostrado que efectivamente ambos bandos en guerra tuvieron planes para invadir las Islas Canarias.

Hoy, el Arsenal de Las Palmas, como también se conoce a las instalaciones militares de la Marina, conservan sus edificios originales, compuestos en un sencillo estilo racionalista.

Pero los edificios son sólo parte de lo visible, bajo las explanadas se ocultan infinidad de depósitos de agua, completados en la idea de que, en caso de crisis, el Arsenal debería sobrevivir por sí mismo a cualquier agresión exterior y convertirse en un último reducto defensivo. Por esa razón, el suministro de agua debía ser independiente del de la ciudad.

La Base Naval de Las Palmas está ubicada muy cerca del Centro Comercial El Muelle y de algunos de los mejores hoteles de Las Palmas de Gran Canaria, como el AC, desde donde se tiene unas inmejorables vistas panorámicas de conjunto de las instalaciones.

En una esquina de los muelles de atraque militares se levanta también un cañón que llama poderosamente la atención, tanto si se circula dentro de las instalaciones, como si se observa desde los vecinos muelles comerciales situados en frente.

Se trata de una de las piezas de artillería naval del crucero Canarias que fue colocada en el lugar como recuerdo de su denominación isleña cuando fue dado de baja en los años setenta.

Cuentan, y no está en absoluto demostrado, que uno de los muelles interiores del Arsenal tiene la misma longitud que la de los submarinos alemanes de la Segunda Guerra Mundial y que fueron levantados precisamente en ese punto para que la marina alemana pudiera atracar con comodidad en Gran Canaria en su lucha contra la británica en la llamada Batalla del Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial.

Tal vez sea solo una leyenda, a pesar de que las medidas encajan, y todo porque se sabe que en los años de la guerra un buque de carga, el ‘Sudamérica’, surto en el Puerto de la Luz, tenía como misión proveer de combustible a los sumergibles alemanes que estaban de paso por las latitudes canarias.

El ‘Sudamérica’ tenía un doble fondo, en el que cargaba el combustible del suministro, y apenas se movía del puerto. Salía y a las pocas horas volvía, para consternación del cónsul británico en Las Palmas de Gran Canaria.

La Base Naval de Las Palmas tiene también un pequeño pero curioso museo marítimo que merece la pena ser visitado. Está ubicado a la izquierda del acceso y control de entrada principal a la instalación militar, entre las oficinas y el recinto del parque móvil.

El contenido del museo permite echar una vista atrás, a la presencia militar de la Marina española, en Canarias y en Cuba; y, con algo más de proyección, a la evolución de las técnicas de navegación y fortificación a lo largo de la historia.

Entre las piezas curiosas y con valor histórico, torpedos, timones de gobierno de barcos que dejaron huella en las Islas Canarias, fotografías antiguas de instalaciones militares, uniformes, armas personales, dibujos, grabados y metopas conmemorativas, maquetas, además de un pequeño mantel de mesa de color blanco, que, a falta de otra pieza de tela de ese color, sirvió para rendir una estación naval cubana a los norteamericanos allá por 1898.

Las visitas se realizan con guía militar y han de concertarse con antelación en horario y fecha.

Si, esta descripción le ha cautivado y quiere conocer la base, piense en las ventajas de una estancia en uno de los mejores hoteles de Las Palmas de Gran Canaria, el comentado AC, junto al Parque de Santa Catalina, con unas soberbias vistas del Arsenal de Las Palmas y de todo el Puerto de La Luz.

Base Naval de Las Palmas, muelles a la defensiva.

Base Naval de Las Palmas Flickr Creative Commons by El Coleccionista de instantes

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Pueblo Canario, donde se mueve la canariedad

ene 22, 2012 | Escrito por:

El Pueblo Canario es el llamativo sonoro y evocador nombre de un complejo de edificios que cierran una plaza en un extremo del Parque de Doramas en Las Palmas de Gran Canaria.

Se trata de una instalación turística terminada por el Cabildo de Gran Canaria a mediados de los años cincuenta del siglo XX que tenía como objetivo ser un punto de encuentro para los visitantes que acudían por aquellos años a Las Palmas de Gran Canaria.

Un punto de encuentro para conocer las costumbres y la artesanía insular, para hacer compras y divertirse, sin salir de la capital. Hoy, a este tipo de propuestas las encuadraríamos como de un tipo de recreaciones a medio camino entre el parque temático y el centro comercial especializado en la venta de souvenirs.

El conjunto está justo al lado de uno de los mejores hoteles de Las Palmas de Gran Canaria, el Santa Catalina, un cinco estrellas de gran nivel.

Pueblo Canario Flickr Creative Commons by Mataparda

El Pueblo Canario reproduce de forma libre la arqutectura de las Islas Canarias, añadiendo elementos sueltos en una composición libre, tipo Mission Style, en la que se mezclan elementos propios de las viviendas, casonas y conjuntos civiles y religiosos en una distribución que busca ser armónica.

Su diseño se debe un artista multidisciplinar local, de extraordinaria capacidad creativa, Néstor Martín Fernández de la Torre, que contribuyó con su trabajo en otros conjuntos como el Parador Nacional de Turismo de Tejeda.

En el lado este de la plaza, en un extremo, se sitúa precisamente el museo dedicado a la obra de Néstor Martín Fernández de la Torre, con algunos de sus trabajos originales, de inequívocos, fantasiosos y coloristas aires modernistas, pero también muchos de ellos compuestos siguiendo la factura ecléctica y personalista de un autor que cautivó en su época y se dejó cautivar, al mismo tiempo, con un lenguaje de formas exhuberantes y volúmenes excesivos.

Y volviendo al estilo del Pueblo Canario, este tipo de construcciones, en cualquier caso, seguían una lógica, la que marcaba el mismo Cabildo de Gran Canaria por aquellas fechas, y que se orientaba a la construcción de una serie de conjuntos arquitectónicos, nuevos o rehabilitados, que dieran contenido y aportaran interés a las visitas de los primeros turistas a Gran Canaria.

En concreto, los visitantes del Pueblo Canario en los años cincuenta fueron los cruceristas que recalaban en la isla en los famosos ‘Castle’, barcos que arribaban con viajeros británicos y que tenían diferentes nombres, todos de castillos británicos, como el Pretoria Castle o el Carnarvon Castle.

A esos turistas, con poco tiempo que entretener, se les ofrecía una muestra de los bailes canarios en la misma plaza, en la que aún abre al público, un bodegón, que sigue ofreciendo como en aquellos años, lo mejor de la cocina canaria.

Y por último, una pieza del conjunto del Pueblo Canario con un atractivo original, la vieja Ermita de Santa Catalina. En la parte más alta del complejo se sitúa una construcción con techo a dos aguas que reproduce a una vieja ermita, la de Santa Catalina.

Desde luego que no es la original, pero está situada en el mismo emplazamiento de la histórica. La construcción religiosa, si no fue la primera, si fue de las primeras de culto que los conquistadores llegados a la Bahía de las Isletas levantaron en Gran Canaria y en lo que sería el área urbana de la futura ciudad.

Su ubicación en ese preciso lugar se hizo por motivos que podríamos llamar de necesidad estratégica. Según las noticias más antiguas, allí había una fuente de agua, un manantial de agua natural, que los aborígenes canarios utilizaban para abastecerse. Colocar una ermita en el lugar, garantizaba, en la lógica de imposición cultural de aquellos tiempos, que los naturales estarían obligados a acudir por fuerza al templo.

Hoy, la Ermita de Santa Catalina, es un espacio deseado y muy solicitado por las parejas que contraen matrimonio civil, porque el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con un acertado criterio histórico decidió en su día trasladar los desposorios a este marco de referencias históricas para sus ciudadanos.

Siempre a un paso de uno de los mejores hoteles en Gran Canaria, el Santa Catalina, o del bodegón anejo, para los convites y los festejos más o menos íntimos.

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