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Archivos marzo, 2012

Casa de Colón, fue o no fue, esa es la cuestión

mar 31, 2012 | Escrito por:

La Casa de Colón es uno de los espacios museísticos más importantes de Las Palmas de Gran Canaria. En sus salas, se recrea la gesta de las navegaciones oceánicas que llevaron a finales del siglo XV a Castilla y a Cristóbal Colón al descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo.

Un museo que es el conjunto estrella del patrimonio cultural de la ciudad y del que se puede obtener mejor información en cualquiera de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

Casa de Colón Flickr Creative Commons by Rafa

Se trata de un conjunto museístico que fue habilitado por el Cabildo de Gran Canaria en los años cincuenta del siglo XX.

La intención originaria de la institución era crear un lugar que sirviera de referencia cultural y de atractivo a los turistas que llegaron a la isla de Gran Canaria en los primeros vuelos charter desde 1956.

Para ello, se utilizó un conjunto de viviendas del centro histórico, en lo que fue el núcleo fundacional de Las Palmas de Gran Canaria en el barrio de Vegueta. Las viviendas, cinco en total, se unieron y se conectaron por sus interiores para crear un únco espacio visitable.

El argumento para dar valor al edificio fue considerar que alguna de las viviendas fue la Casa de los Capitanes, el lugar donde residieron los primeros gobernadores militares de la isla a finales del siglo XV.

La idea es que, siendo una de las casas la del gobernador, Colón a su paso por Gran Canaria en el primer viaje descubridor debió dormir en ella. Sin embargo, no hay un solo documento, una sola referencia de aquel tiempo que diga que el navegante se alojó en ella o incluso que la Casa de los Capitanes estuviera situada en la misma manzana.

Hay quien asegura, que, para cuando Colón pasó por Gran Canaria, los gobernadores tenían residencia junto a la nueva plaza de armas de la ciudad en la Plaza de Santa Ana.

Ese edificio ha desaparecido y debería coincidir, en ese caso, con el número 1 de la plaza, situado frente a la catedral y no con ninguno de la manzana de la Casa de Colón.

Aún hay algo más. Junto a la entrada de la Casa de Colón, se levanta la Ermita de San Antonio Abad, en la que se asegura que oró Colón antes de emprender su viaje.

El edificio es del siglo XVIII y tampoco está claro que la primera iglesia de Santa Ana estuviera exactamente en ese mismo lugar.

Sea como fuere, la Casa Museo de Colón, representa una oportunidad para conocer la época y hasta la vida a bordo en los viajes trasatlánticos con una recreación a tamaño real de la cubierta de una carabela que se puede ver en una de sus salas.

Cañones antiguos, maquetas, portulanos, cuadros antiguos, depósitos del Museo del Prado, mobiliario de época y un patio canario son una parte de los pequeños tesoros y curiosidades de un museo diferente.

La Casa de Colón tiene hasta cuatro fachadas, dos artísticas, no originales, y de estilos recreados que nada tiene que ver con la arquitectura tradicional canaria, y dos que sí lo son, la principal, la de acceso al museo, muy simple, sencilla y sin adornos.

Y la de la vieja casa solariega de Santa Gadea-Mansel, gótica y que se puede ver en la misma calle de Colón. Una joya.

Si su deseo es visitar la ciudad y conocer la Casa de Colón, alójese en cualquiera de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria de la zona cercana al casco historico, vivirá la ciudad como no lo podrá hacer en otros establecimientos. Téngalo por seguro.

Casa de Colón, fue o no fue, esa es la cuestión.

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Siete miradores para dos alturas

mar 26, 2012 | Escrito por:

Mirador del Paseo de la Cornisa Flickr Creative Commons by El Coleccionista de Instantes

La ciudad de Las Palmas se deja ver, se deja observar muy bien, en la decena de miradores que no están en ninguna ruta turística, los que se asoman y se descuelgan sobre los lomos que se reparten por su desigual geografía urbana.

Miradores ocasionales que son un guiño a unas imágenes de postal que los turistas no se imaginan. Miradores de barrio, para unas visiones cotidianas insospechadas por los turoperadores.

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad repartida en dos alturas, una Ciudad Alta y una recientemente denominada Ciudad Baja, por oposición.

Un frente con un denivel de hasta casi cien metros de altura construido por las coladas de viejos volcanes holocenos, por las acumulaciones de sedimentos de barrancos de diferentes épocas que han creado el escenario para partir la ciudad en dos alturas y para crear las condiciones ideales para jugar a pájaros y ver desde las alturas.

Una ruta imaginaria de sur a norte pondría sobre el mapa hasta siete miradores ocasionales visitables.

Uno en los altos de San Juan, otro en los del barrio de San Roque, un tercero sobre un extremo de las alturas del Castillo de San Francisco, un cuarto en el final de la subida de San Antonio, un quinto en el barrio de Cuatro Cañones, otro más sobre el lugar del viejo Hospital Inglés en Ciudad Alta y un último que podríamos llamar el de la contramirada, en las Casas de Las Coloradas en La Isleta.

El de los altos de San Juan deja ver la entrada de Las Palmas de Gran Canaria por el sur, todo el Cono Sur, los barrios meridionales capitalinos. Es probablemente la mejor posición para ver, a cien metros de altura, los mejores amaneceres de la ciudad y el despertar de la isla de Fuerteventura en el horizonte en los días claros. La mejor posición: Junto al depósito regulador de agua que hay en el camino de La Batería.

El mirador del barrio de San Roque está en la llamada Vuelta de La Vista, por un conocido bar de la zona ¿La vista? La del Barrio de Vegueta y la entrada del Barranco Guiniguada a la ciudad, con la Catedral de Santa Ana en el centro. Una vista de postal.

La panorámica del mirador del Castillo de San Francisco es la que se ofrece sobre el Castillo de Mata. Una vista del barrio de Triana y de una parte del de Arenales. El lugar exacto: Detrás de los muros del antiguo Hospital Militar.

Abajo, entre las casas de Triana, se puede ver la estructura sólida y relevante de uno de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria, el Parque, que es, en sí mismo, un mirador casi a pie de calle para ver la ciudad como la vería cualquier ciudadano desde su terraza particular. Una opción.

La siguiente vista es la de todo el barrio de Arenales desde la subida de San Antonio, a un paso del Parque de Don Benito. Uno de los dos miradores ocasionales que tiene, casi por casualidad, bancos que ayudarán al observador a recrearse con la vista.

El mirador de Cuatro Cañones cuelga sobre Arenales y una parte del barrio de Santa Catalina y del de Ciudad Jardín.

El penúltimo de nuestros velbederes es el del Hospital Inglés, que es, ahora sí, la postal de las postales de Las Palmas de Gran Canaria, retratada y archirretratada por ser el encuadre que reúne el Puerto de la Luz, las montañas de La Isleta y todo el verdor de Ciudad Jardín en primer término.

La última de las vistas es la menos vista, una contravista de las demás. Desde el Barrio de Las Coloradas es posible descubrir la ciudad con el trasfondo de toda la isla de Gran Canaria. Una imagen muy espectacular que lo es aún más cuando se pone el sol y la luz del ocaso se descompone en rojos sobre un escenario de rocas volcánicas.

Si su deseo es conocer la ciudad no deje de ver todas las posibilidades que le ofrecen los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria y, de paso, déjese ver por los miradores no oficiales de una ciudad que se descuelga sobre sí misma.

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San Cristóbal, mar, pescado y brisa

mar 19, 2012 | Escrito por:

El Barrio de San Cristóbal, en la entrada sur de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, es ya el único núcleo de la capital que sigue volcado al mar, que tiene como horizonte al Océano Atlántico y en el que se vive el día a día de la pesca de bajura.

A los vecinos de San Cristóbal, no les cuesta nada ver desde sus casas, desde sus azoteas, puertas y ventanas orientadas a las olas, todo el trasiego de su pequeño puerto pesquero como en otras épocas los de los barrios de La Isleta, Las Canteras, Guanarteme o Las Alcaravaneras, cuyas pequeñas flotas de barquillas ya sólo son testimoniales para una estampa de tipismo.

Un tipismo que ha sembrado de carteles y affiches turísticos en infinidad de hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

El Barrio de San Cristóbal no es un núcleo tan antiguo como parece, no aparece en los planos urbanos más viejos, porque la zona quedaba de puertas para afuera de las murallas del sur. Y, en los tiempos de los piratas no se consideraba una zona segura para residir permanentemente.

La verdadera ocupación del lugar llegaría en la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo a finales, cuando los cultivos de plataneras consolidaron una mano de obra con trabajadores del campo que levantaron sus viviendas donde los propietarios se lo permitieron, sobre la franja de callaos, de roca suelta de la playa.

Mano de obra disponible, mano de obra vecina a los pies de los cultivos de plátano. Trabajadores que hicieron mucho por acomodar nuevos terrenos agrícolas con ‘tierras de préstamo’ o de ‘sorriba’ traída en grandes carros, desde el Lomo de los Frailes en época tan cercana como los años veinte y treinta del siglo XX.

Buena tierra para las plataneras que cubrió el pedregal original de una vega, la de San José, una de las viejas extensiones agrícolas productivas del entorno de Las Palmas de Gran Canaria.

La ocupación más remota de San Cristóbal que se conoce es la de unas salinas en el mismo borde del mar en el siglo XVI y sobre un sustrato de barro traído de las alturas por las aguas de las escorrentías. Otro uso parelelo fue el trabajo con las pieles en una pequeña industria que debió ocupar los mismos llanos, de donde sobrevive una denominación antigua, Barrio o Casas de las Tenerías.

Hoy el Barrio de San Cristóbal, formado por una hilera muy estrecha de casas bajas junto a la Autopista del Sur y el final de la Avenida Marítima; destaca por su colorido, por los tonos de las viviendas, desparejados unos de otros, que un plan de recuperación cromática recuperó hace unos años para revivir el horizonte habitado de riscos y barrios de la ciudad con una nota multicolor para los ojos de lo turistas y el tipismo de siempre.

Para los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, el Barrio de San Cristóbal es sinónimo de buen pescado de barquillo comido en el mismo borde del mar en la decena de restaurantes de la estrecha franja de callejuelas, entre el puerto de abrigo pesquero y el Castillo de San Cristóbal, torreón defensivo que pone una nota evocadora en los amaneceres más luminosos de una ciudad que vive de cara al mar y, en San Cristóbal, aún, sobre el océano.

Barrio de San Cristóbal Flickr Creative Commons by El Coleccionista de Instantes

Si su deseo es conocer la ciudad, no deje de instalarse en cualquiera de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria que tienen personalidad propia y su encanto. Y, de paso, acérquese a disfrutar, como mínimo de lo que puede ofrecerle una buena mesa en el borde del mar en cualquiera de esos restaurantes de San Cristóbal. Merece la pena.

San Cristóbal, mar, pescado y brisa.

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