Home


Las Palmas en tu pgina de inicio Ir a la portada

Castillo de La Luz, mandoble de piratas

dic 19, 2011 | Escrito por:

El Castillo de La Luz es uno de los principales monumentos antiguos de Las Palmas de Gran Canaria y la principal de las fortalezas históricas de la ciudad. A pesar de lo que creen muchos de los palmeños que se tropiezan con su estampa todos los días, el edificio ni tuvo siempre el aspecto que hoy le reconocemos, ni fue proyectada para el mismo fin que el resto de instalaciones de defensa que aún se puden reconocer en la trama urbana.

El Castillo de La Luz fue levantado con fecha no muy posterior al año 1480, cuando el conquistador Juan Rejón y los que le siguieron y acompañaron decidieron acomodar en una zona de bajas junto a La Isleta un torreón en el que guardar bastimentos para la empresa de la dominación de Gran Canaria y en el que refugiarse si los aborígenes llegaban a resistirse y a acosar a su mesnada.

Todo, cuando el Palmeral de Las Palmas, en el que se asentaría la ciudad, y el mismo Barranco Guiniguada, estaban ocupados por una importante población de nativos hostiles.

El primer edificio de tiempos del conquistador Juan Rejón, una torre de madera y de mampostería, levantada con piedra del lugar; se ubicó en ese lugar preciso porque este punto de la costa era un buen fondeadero al abrigo de los vientos alisios.

El torreón, y luego el castillo, defenderían con su artillería a los barcos amarrados. El castillo, en origen, fue entonces éso, un punto de amarre armado, un almacén en el que conservar las pertenencias de valor de un grupo sobre las armas y un abrigo seguro en el que refugiarse.

Con el tiempo, y dominada la isla, el Castillo de La Luz pasó por sucesivas ampliaciones que incluyeron paramentos defensivos almenados en la parte baja de la construcción y hasta caballerizas en las que proteger a intramuros a los animales con los que se dotó al fuerte de una incipiente caballería.

Para finales del siglo XVI, para el año 1599, el año del gran ataque holandés de Las Palmas de Gran Canaria, el Castillo de la Luz ya tenía prácticamente la estructura romboidal que hoy podemos observar desde el exterior. Una forma típica, con dos semitorres cilíndricas en las esquinas, una hacia tierra y otra evidentemente hacia el mar.

Castillo de La Luz Colección Sergio Suárez

Precisamente, con la llegada del pirata holandés Van der Does -pirata para los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, gran almirante para los holandeses, evidentemente- el castillo sufrió uno, mejor dicho, el principal de sus desdoros históricos.

Lo sufrió, cuando se rindió a la armada de los Países Bajos que amenazó sus muros directamente. Su castellano, de apellido Joven, viendo que la resistencia se antojaba numantina, disparó unos cañonazos y ordenó la entrega del fuerte.

Para que luego toda la artillería del castillo fuera usada contra la ciudad. Los grancanarios de aquel tiempo no pudieron creerlo, los de hoy si lo creen, creen en la cobardía de un jefe militar que no estuvo a la altura de las circunstancias.

Las derrotas a Gran Canaria desde Europa pasaban por la arribada de barcos desde el noreste, para aprovecharse del impulso del alisio. Por esa razón, en lo alto de las montaña de La Isleta, en la más alta, la del Vigía, se instalaba un solitario observador que tenía la obligación de alertar al castillo sobre la patria de las velas que se otearan en el horizonte.

La situación actual de la fortaleza frente al Muelle Pesquero, retirado unas largas decenas de metros del agua, no nos puede llevar al equívoco de que el castillo estuviera situado antiguamente sólidamente en tierra. No es así.

El Castillo de la Luz, hace quinientos años, y hace algo más de cien también, quedaba aislado como una roca en el mar cuando la marea alta rodeaba al edificio. Ese era una de sus ventajas, que sólo podía ser hostigado a pie y con disparos cercanos en un número de horas del día.

El Castillo de la Luz, convenientemente restaurado, es hoy un edificio protegido como monumento histórico artístico. Sus muros, de otro tiempo, nos hablan del aislamiento de una ciudad, de una isla, de un territorio ultramarino que se las vio y se las deseó con los peligros que le llegaban desde el mar, unas veces piratas y otras corsos, que no son lo mismo, aunque sus efectos siempre eran idénticos, miedo, peligros y sensación aún mayor de aislamiento e indefensión.

Castillo de La Luz, mandoble de piratas.


Palabras:

Recomendar Recomendar | Voto NegativoVoto Positivo (Sin puntuar)
Loading ... Loading ...


 

Trackback: Trackback-URL | Feed comentarios: RSS 2.0
+ de: Cultura, De Interes en Otros Destinos Turísticos, Urbanismo

Escribe una respuesta.

Escribe un comentario




 

     Caza Añade urbelaspalmas.com a tus favoritos Imprime esta p�gina
    Contacta con nosotros | Publicidad | Privacidad | RedUrbe.com

 

 urbelaspalmas.com |Basado en la plataforma Wordpress Copyright © 2009