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Castillo de San Cristóbal, fuerte por una roca

feb 7, 2012 | Escrito por:

Castillo de San Cristóbal Flickr Creative Commons by El Coleccionista de Instantes

El Castillo de San Cristóbal es una pequeña fortaleza situada junto al barrio del mismo nombre, a la salida de Las Palmas de Gran Canaria por el sur.

Su estampa se recorta sobre la orilla del mar donde tiene plantada su estructura. Un mar que en marea alta lo rodea hasta dejarlo aislado de tierra como resulta apropiado para una fortificación de época.

Su imagen se recorta en todos los amaneceres con el sol naciente detrás. Una vista de postal que se puede disfrutar desde alguno de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

El edificio fue terminado en el año 1577 y su verdadero nombre no es el que ahora tiene. Originariamente, se llamaba Castillo de San Pedro Mártir, en referencia al copatrono de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria junto a San Juan Bautista.

Hay que decir que cuando fue levantado el conjunto, ni siquiera existía el barrio marinero de San Cristóbal como tal, ni ese topónimo.

El Castillo de San Cristóbal es una torre, un torreón de perfil troncónico levantado en piedra volcánica local que esconde una curiosidad que muy poca gente siquiera imagina.

El pequeño castillo se levantó en el lugar para formar parte del sistema defensivo litoral contra los piratas desde el siglo XVI. Es cierto, pero se eligió el emplazamiento, exactamente ese lugar por un motivo muy curioso.

La torre aprovechó un roque de mar, una gran roca de piedra originaria, para hacer más sólida su estructura.

Así, el edificio esconde dentro una gran roca que nadie ha visto desde que fuera ‘vestida’, envuelta con los sillares del conjunto. Por esa razón, y no por otra, el Castillo de San Cristóbal no tiene interior, no tiene espacio cerrado que pudiera usarse como almacén, ni siquiera para proteger de la intemperie y de la humedad marina la pólvora y los proyectiles de los cañones.

La torre es una simple plataforma elevada sobre una roca de mar en la que se acomodaban cuatro cañones de bronce y a la que se accedía con una escalera desde el lado de tierra que se halaba y se retiraba.

Aún se puede ver en ese acceso desde tierra, y sobre la reducida superficie de la plataforma, la pieza de madera sobre la que se colgaba probablemente una campana de aviso y el cabrestante que servía para llevar arriba todo lo necesario, especialmente los cañones, sus cargas y otros bastimentos.

La construcción del castillo en la costa noreste del litoral de Las Palmas de Gran Canaria, tan al sur, tenía como finalidad completar las defensas de tierra en el cierre de las murallas septentrionales de los siglos XVI y XVIII tal y como se ve en el viejo y famoso mapa de la capital del ingeniero italiano Torriani, de 1590.

Un mapa histórico que desvela una trama urbana que aún se distingue en el callejero de la ciudad. Espacios ajardinados, zonas verdes, calles y manzanas ocupadas hoy por algunos de los mejores hoteles en Gran Canaria, pero que aparecen bosquejadas en el plano urbano de Torriani. Realmente sorprendente.

Resulta curioso, en cualquier caso, la posición de la torre por cuanto los vientos alisios traerían a cualquier armada enemiga sobre la ciudad desde el norte y no desde el sur. Como sucedió con la invasión del pirata holandés Pieter Van Der Does en 1599, que no llegó a tocar al Castillo de San Cristóbal.

Así, el Castillo de San Cristóbal sería el último punto defensivo de la ciudad y el que tendría menos posibilidades de ser atacado.

Entonces ¿por qué construir un castillo precisamente en ese lugar? Teorías hay varias.

Además de la ventaja del roque de mar que serviría para reforzar la estructura, una primera nos dice que por la necesidad de cerrar las defensas del sur con una construcción militar en previsión de la llegada de piratas africanos aprovechando el viento del este, el tiempo sur canario, o ayudados en la navegación por velas latinas, capaces de ir contra el aire dominante del noreste.

Otra posibilidad es que, en cualquier caso, llegado un enemigo del norte, siempre podrián forzar las defensas del sur de la ciudad, mucho más débiles, sólo con echar botes al agua y desembarcar gente en en San Cristóbal.

Y un último argumento es aún más claro. Se sabe que en la zona de San Cristóbal y en los alrededores del castillo existieron unas salinas que abastecían a la ciudad y que constituían en aquel tiempo un valioso botín para quien quisiera hacerse con él.

Si las salinas se instalaron junto al castillo para buscar protección es lo de menos, lo cierto es que su presencia daba aún más sentido a una fortificación doblemente fuerte, fuerte por fuera, fuerte por dentro.

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