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El Obelisco, un puntal para un eje urbano

Jun 6, 2012 | Escrito por: sergiosuarez

El Obelisco de la Plaza de la Constitución de Las Palmas de Gran Canaria es un motivo que es una referencia para los ciudadanos. No exactamente porque se nadie pueda quedar y esperar a sus pies, porque la rotonda elíptica en la que está situado no lo permite, ni la hierba y ni el mismo ajardinamiento de su base.

Es un punto de referencia ciudadana que marca con su altura y su estampa singular un espacio indeterminado de calles arriba y calles abajo del barrio de Arenales. Así, se habla de la zona del Obelisco como un espacio que puede comprender del orden de doscientos o trescientos metros a su alrededor, nada más.

Pero ¿qué es realmente ese obelisco? Pues es una pieza que algunos comentaristas del patrimonio urbano de Las Palmas de Gran Canaria siguen llamando escultura, aunque se trata de una construcción simbólica de unos 25 metros de altura. De hecho, su autor fue un arquitecto.

La obra del obelisco es un trabajo del arquitecto catalán Juan Margarit Serradell y de quien ayudó a acomodarla en el lugar, el canario Cayetano Guerra del Río. El obelisco se diseñó en 1955 y se completó e inauguró como punto emblemático de la ciudad en 1957.

Se levantó en una reciente zona ganada por aquello días como ensanche entre el Puerto y Las Palmas, más allá de Triana. La zona fue conseguida para el espacio público urbano después de hacer desaparecer las plataneras que ocupaban la zona y que tenían el nombre de Fincas Unidas.

Aún los mayores, los más mayores de la zona del Obelisco y hasta los de fuera recuerdan el lugar como Fincas Unidas donde muchos de ellos corretearon en tardes de juegos infantiles, cuando no robando plátanos para hacerse con un alimento extra con los que combatir las carencias digestivas de la posguerra.

El obelisco se concibió como un eje de un largo bulevar, una vía medular, que debía arrancar en la calle Bravo Murillo, a la altura de la esquina del edificio del Cabildo de Gran Canaria, y el Parque Doramas, antiguo zoológico de la ciudad. Muy cerca de algunos de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

El obelisco se situaría a mitad de camino entre un punto y otro, poco más o menos, en una calle renombrada como Paseo de Tomás Morales, por el poeta modernista fallecido treinta años antes de erigirse el obelisco y que tiene plaza dedicada, y algo oculta, detrás de la misma construcción.

El obelisco en cuestión es del tipo egipcio, como el de la Plaza de la Concordia de París, y, a diferencia de otros muchos, ni está decorado en su recorrido de piedra hacia arriba, ni tiene una base a modo de pedestal como también es frecuente encontrarlo en otros modelos.

El obelisco de Las Palmas de Gran Canaria fue confeccionado en piedra volcánica de las canteras de La Isleta, probablemente las de alrededor del Roque Ceniciento.

Se trata de una piedra, quizás también toba de color marrón medio, ligeramente rosácea, que se cortó en bloques para acomodarlos unos sobre otros sin complicación alguna.

Bajo el obelisco se distingue una estructura en forma de recipiente posterior en la que se depositan las ofrendas cada Día de la Constitución, para una rotonda y su obelisco dedicados también, como comentábamos, a conmemorar la española de 1978.

Si su deseo es conocer la capital de la isla, y alojarse en alguno de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria, acompáñese con unos pasos para conocer esta pieza singular de la lista de monumentos de la ciudad. Déjese recrear la vista.

El Obelisco, un puntal para un eje urbano.

Obelisco Flickr Creative Commons by Mataparda


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Esculturas para entrar y salir

May 29, 2012 | Escrito por: sergiosuarez

Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad lineal, muy alargada, que se extiende por un frente marítimo volcado al Océano Atlántico y encorsetada entre riscos y, sobre ellos, en un hinterland que la creciente urbanización ha ido orientando tierra adentro.

Se puede decir que los barrios que no están junto al mar, son menos parte de la ciudad, en una población en la que las gentes del extrarradio siguen haciendo diferencias y diciendo aquello de ‘bajar a Las Palmas’ para significar que se acercarán al centro o a cualquiera de ellos.

Con el tiempo, con el rápido desarrollo urbano de las últimas dos décadas, se ha llegado a tener conciencia de esos centros urbanos a los que se les han acondicionado esculturas monumentales que se han dejado ver como una especie de saludo de la ciudad a los que llegan o una despedida para los que se van.

A falta de murallas, a falta de un centro histórico cohesionado, las esculturas que marcan los límites de los centros imaginarios de la ciudad son las puertas de Las Palmas de Gran Canaria. Contadas, esas puertas-esculturas son media docena.

Por el norte, el Atlante del Rincón y la Portada del Norte de los Túneles de Julio Luengo, por el sur, el Tritón y su bucio en la Playa de La Laja.

Por el centro, a la salida de los Túneles de San José, el monumento a Lady Harimaguada; por Ciudad Alta, también desde el norte y el centro, el monumento de El Vigía y unos lazos orientados al aire sobre una base de hormigón que se llaman ‘Doble giro’ y que aún no tienen nombre popular definido.

Algo que ya es decir en una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria donde cada monumento moderno no muy figurativo suele tener su mote.

Más en detalle, un comentario de cada una de esas piezas podía comenzar por la citada Portada del Norte.

La Portada es una estructura muy llamativa de Máximo Riol Cimas, levantada en la denominada Plaza de los Arquitectos Técnicos, en el acceso a los túneles de Julio Luengo, muy cerca de los mejores hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

La Portada del Norte es una sorprendente escultura de hierro sin imprimación oxidada a la que el aire marino de Las Alcaravaneras degrada cada día un poco más.

Otra pieza es el monumento rojo bien visible de El Vigía, en el acceso a la Avenida de Escaleritas y el barrio de La Feria. Una escultura del artista Miguel Navarro, fechada en 1995, que los vecinos han llamado desde siempre ‘el cuchillo canario’ o ‘el nife’, que es lo mismo, por su parecido con esa herramienta popular.

El Atlante, por su parte, es una colosal figura humana diseñada algo antes, en 1985, por el artista canario Tony Gallardo que muestra, en El Rincón, la estampa abocada de alguien que impreca al mar con los brazos abiertos. Se trata de una obra compuesta exclusivamente por rocas volcánicas asidas entre sí hasta formar la figura.

El Tritón es, en la entrada al Cono Sur, una pieza del escultor Manolo González que se colocó en su lugar en 2011, haciéndola coincidir con las aspiraciones de la ciudad al título de capitalidad de la cultura europea para 2016.

Lady Harimaguada descansa algo más al norte en la misma vía sobre el Paseo de la Avenida Marítima a la salida de los túneles que atraviesan los barrios de San Juan y de San José. Representa a una mujer aborigen, una sacerdotisa, y es obra del escultor Chirino que la completó en hierro con pintura al estuco en 1996.

Por último, la pieza denominada ‘Doble giro’ de la rotonda de La Ballena, obra del artista Manolo Gómez Muñoz que se levanta poco más de 18 metros del altura y que fue elaborada en bronce y hormigón.

Las esculturas urbanas que delimitan los accesos de la ciudad son una forma de ver el urbanismo de la capital y una alternativa para el visitante que decide alojarse en cualquiera de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria y que tiene como deseo percibir por sí mismo – y no sólo ver- lo que no cuentan las guías oficiales.

Esculturas para entrar y salir.

Lady Harimaguada Flickr Creative Commons by El Coleccionista de Insntates

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El Guiniguada, barranco visto y no visto

May 10, 2012 | Escrito por: sergiosuarez

El Barranco Guiniguada es un largo cauce que nace casi, casi en el punto más alto de la isla de Gran Canaria y que muere, o desemboca, en el litoral de Las Palmas de Gran Canaria.

En su día, antes de la conquista castellana y durante miles de años fue un río, uno de los pocos ríos históricos de las Islas Canarias, región en la que hoy sólo se cuenta como tal, y ya es decir, un débil hilo de agua que discurre por el Barranco de las Angustias en la isla de La Palma.

El Guiniguada, sin embargo, es mucho más, es un barranco cargado de historia. Lo encontrará como símbolo y como denominación recurrente en algunos de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria, porque es seña de identidad de la ciudad. Importante, si lo es, para el imaginario colectivo.

De entrada fue el que llevó el agua a los supuestos primeros pobladores que habitaban el área del municipio de Las Palmas de Gran Canaria antes de la conquista y los que alimentaron a los colonos, a los primeros palmeños que hicieron crecer la ciudad. Pero también, fue el cauce que delimitó el interior del núcleo de población fundacional.

Las Palmas de Gran Canaria nació de lo que hoy es el barrio de Vegueta a finales del siglo XV y su ampliación, aún a intramuros, fue hacia el norte, con la incorporación del de Triana, que separaba precisamente el Guiniguada.

Un barranco que en el siglo XVI aún llevaba agua como para justificar la construcción de puentes de madera urbanos con el que cruzarlo.

Se cuenta que las avenidas y crecidas del Guiniguada se llevaron tres centenares de puentes de madera en toda la historia de la ciudad hasta que el Obispo Verdugo no entregó fondos con los que hacer el que luego sería llamado precisamente Puente de Verdugo (1815). El primero de piedra y sólido que tuvo la ciudad y que ya nunca se llevaron las aguas del barranco. Un puente que, con razón, se llamó popularmente como Puente de Piedra.

Hoy, el Barranco de Guiniguada hay que adivinarlo en su curso más urbano y en los tramos finales. En los primeros años setenta del siglo XX, se construyó una autovía para facilitar la salida de vehículos de la capital y se abovedó su cauce.

Desde entonces, cuando las lluvias son importantes, el agua llega al mar, pero el tránsito rodado no deja de discurrir varios metros por encima de un cauce que ya no se ve.

En cualquier caso, no hace falta echarle mucha imaginación para ver el valor del Guiniguada en otro tiempo, la misma trama urbana de la ciudad lo cuenta. Las calles son paralelas al cauce y las vías antiguas conducen a lo que en su día fueron trozos de puentes con que salvar sus orillas.

Si quiere conocer la capital de la isla de Gran Canaria, apúntese a hospedarse en cualquiera de los hoteles en Las Palmas de Gran Canaria.

Alojamientos que le ofrecerán las mejores atenciones y los servicios que usted espera. Pero, si se decide por la ciudad, no deje de hacer una excursión por el Guiniguada. Descúbralo, cuánto más ascienda por él, menos urbano y más salvaje le resultará. Busque su esencia natural.

El Guiniguada, un barranco visto y no visto.

Barranco de Guiniguada Flickr Creative Commons by J Toledo

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