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Los caprichos caninos de la Plaza de Santa Ana

nov 4, 2011 | Escrito por:

Los ‘perros de la Plaza de Santa Ana’, unas esculturas de hierro acomodadas frente precisamente a la Catedral de Santa Ana, son uno de los motivos turísticos más típicos y tópicos de la imagen de la ciudad. Las guías turísticas los califica como perros de raza isleña, en un error que se ha convertido en un argumento de definición enciclopédica cuando esos canes de metal de canarios sólo tienen la sombra.
Los perros fueron colocados en la plaza después de que los donara en 1893 la familia Miller, comerciantes británicos asentados en Gran Canaria y que hicieron negocios con la venta de carbón y equipamiento en el Puerto de la Luz de Las Palmas a finales del siglo XIX y en los primeros años del XX.
Los perros habían estado en los jardines de su casa de Tafira, una segunda residencia a escasa distancia de la capital. Probablemente se cansaron de tanto perro, ocho grandes y pesadas figuras que les debían estorbar en su jardín.
Los perros de bronce, que hoy son emblema de Las Palmas de Gran Canaria, fueron un capricho de la familia. El patriarca James Miller se quedó prendado de ellos cuando los vio decorando el Cristal Palace de Londres en 1851. Los Miller habían acudido a la primera exposición universal de Londres y se trajeron reproducciones de los canes para su casa de Tafira.
En realidad, se trata de perros de caza británicos, que el autor de las reproducciones, un tal Adrian Jones, debió vender bastante bien para lo mismo que los Miller, para embellecer las casas de campo de las clases acomodadas británicas.
En los años cuarenta pasados, y en un deseo de dar contenido a los valores turísticos de la capital grancanaria para fomentar precisamente el turismo, se le dieron a cada uno de los perros los nombres de los cantones aborígenes grancanarios. Algo, que hizo que el público se reafirmara en la idea de que los bronces reproducían efectivamente una raza de perros canarios, los bardinos.
Sea como fuere, los perros de la Plaza de Santa Ana tienen otros ‘hermanos de molde’ en las islas británicas, series completadas por el mismo autor. Dos de ellos se encuentran  en el Queen Morther Hospital for Animals del Royal Veterinary College de Hatfield. Las figuras permanecieron durante años en los bajos de la Iglesia de San Jorge de Londres, sin que nadie se percatara de ello. Habían sido ocultados en 1940 para evitar que fueran dañados por los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
El resto de ‘hermanos de molde’ de los perros de la Plaza de Santa Ana se encuentran con toda seguridad desperdigado por la campiña británica a donde los llevó el mismo gusto y capricho que el de los Miller.
Los perros de la Plaza de Santa Ana, unas esculturas de hierro acomodadas frente precisamente a la Catedral de Santa Ana, son uno de los motivos turísticos más típicos y tópicos de la imagen de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
Las guías turísticas los califica como perros de raza isleña, en un error que se ha convertido en un argumento de definición enciclopédica que ha sentado cátedra,  cuando esos canes de metal de canarios sólo tienen la sombra.
Los perros fueron colocados en la plaza después de que los donara en 1893 la familia Miller, comerciantes británicos asentados en Gran Canaria y que hicieron negocios con la venta de carbón y equipamiento en el Puerto de la Luz de Las Palmas a finales del siglo XIX y en los primeros años del XX.
Los perros habían estado en los jardines de su casa de Tafira, una segunda residencia a escasa distancia de la capital. Probablemente se cansaron de tanto perro, ocho grandes y pesadas figuras que les debían estorbar en su jardín.
Los perros de hierro, que hoy son emblema de Las Palmas de Gran Canaria, fueron un capricho de la familia. El patriarca James Miller se quedó prendado de ellos cuando los vio decorando el Cristal Palace de Londres en 1851. Los Miller habían acudido a la primera exposición universal londinense y se trajeron reproducciones de los canes para su casa de Tafira.
Raza inglesa
En realidad, se trata de perros de caza británicos, que el autor de las reproducciones, un tal Adrian Jones, debió vender bastante bien para lo mismo que los Miller, para embellecer las casas de campo de las clases acomodadas británicas.
En los años cuarenta pasados, y en un deseo de dar contenido a los valores turísticos de la capital grancanaria para fomentar precisamente el turismo, se le dieron a cada uno de los perros los nombres de los cantones aborígenes grancanarios. Algo, que hizo que el público se reafirmara en la idea de que los bronces reproducían efectivamente una raza de perros canarios, los bardinos.
Sea como fuere, los perros de la Plaza de Santa Ana tienen otros ‘hermanos de molde’ en las islas británicas, series completadas por el mismo autor. Dos de ellos se encuentran  en el Queen Morther Hospital for Animals del Royal Veterinary College de Hatfield.
Las figuras permanecieron durante años en los bajos de la Iglesia de San Jorge de Londres, sin que nadie se percatara de ello. Habían sido ocultadas en 1940 para evitar que fueran dañadas por los bombardeos alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
El resto de ‘hermanos de molde’ de los perros de la Plaza de Santa Ana se encuentran con toda seguridad desperdigado por la campiña británica a donde los llevó el mismo gusto y capricho que el de los Miller.
Perros de la Plaza de Santa Ana Flickr Creative Commons by Rafa

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