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Pueblo Canario, donde se mueve la canariedad

ene 22, 2012 | Escrito por:

El Pueblo Canario es el llamativo sonoro y evocador nombre de un complejo de edificios que cierran una plaza en un extremo del Parque de Doramas en Las Palmas de Gran Canaria.

Se trata de una instalación turística terminada por el Cabildo de Gran Canaria a mediados de los años cincuenta del siglo XX que tenía como objetivo ser un punto de encuentro para los visitantes que acudían por aquellos años a Las Palmas de Gran Canaria.

Un punto de encuentro para conocer las costumbres y la artesanía insular, para hacer compras y divertirse, sin salir de la capital. Hoy, a este tipo de propuestas las encuadraríamos como de un tipo de recreaciones a medio camino entre el parque temático y el centro comercial especializado en la venta de souvenirs.

El conjunto está justo al lado de uno de los mejores hoteles de Las Palmas de Gran Canaria, el Santa Catalina, un cinco estrellas de gran nivel.

Pueblo Canario Flickr Creative Commons by Mataparda

El Pueblo Canario reproduce de forma libre la arqutectura de las Islas Canarias, añadiendo elementos sueltos en una composición libre, tipo Mission Style, en la que se mezclan elementos propios de las viviendas, casonas y conjuntos civiles y religiosos en una distribución que busca ser armónica.

Su diseño se debe un artista multidisciplinar local, de extraordinaria capacidad creativa, Néstor Martín Fernández de la Torre, que contribuyó con su trabajo en otros conjuntos como el Parador Nacional de Turismo de Tejeda.

En el lado este de la plaza, en un extremo, se sitúa precisamente el museo dedicado a la obra de Néstor Martín Fernández de la Torre, con algunos de sus trabajos originales, de inequívocos, fantasiosos y coloristas aires modernistas, pero también muchos de ellos compuestos siguiendo la factura ecléctica y personalista de un autor que cautivó en su época y se dejó cautivar, al mismo tiempo, con un lenguaje de formas exhuberantes y volúmenes excesivos.

Y volviendo al estilo del Pueblo Canario, este tipo de construcciones, en cualquier caso, seguían una lógica, la que marcaba el mismo Cabildo de Gran Canaria por aquellas fechas, y que se orientaba a la construcción de una serie de conjuntos arquitectónicos, nuevos o rehabilitados, que dieran contenido y aportaran interés a las visitas de los primeros turistas a Gran Canaria.

En concreto, los visitantes del Pueblo Canario en los años cincuenta fueron los cruceristas que recalaban en la isla en los famosos ‘Castle’, barcos que arribaban con viajeros británicos y que tenían diferentes nombres, todos de castillos británicos, como el Pretoria Castle o el Carnarvon Castle.

A esos turistas, con poco tiempo que entretener, se les ofrecía una muestra de los bailes canarios en la misma plaza, en la que aún abre al público, un bodegón, que sigue ofreciendo como en aquellos años, lo mejor de la cocina canaria.

Y por último, una pieza del conjunto del Pueblo Canario con un atractivo original, la vieja Ermita de Santa Catalina. En la parte más alta del complejo se sitúa una construcción con techo a dos aguas que reproduce a una vieja ermita, la de Santa Catalina.

Desde luego que no es la original, pero está situada en el mismo emplazamiento de la histórica. La construcción religiosa, si no fue la primera, si fue de las primeras de culto que los conquistadores llegados a la Bahía de las Isletas levantaron en Gran Canaria y en lo que sería el área urbana de la futura ciudad.

Su ubicación en ese preciso lugar se hizo por motivos que podríamos llamar de necesidad estratégica. Según las noticias más antiguas, allí había una fuente de agua, un manantial de agua natural, que los aborígenes canarios utilizaban para abastecerse. Colocar una ermita en el lugar, garantizaba, en la lógica de imposición cultural de aquellos tiempos, que los naturales estarían obligados a acudir por fuerza al templo.

Hoy, la Ermita de Santa Catalina, es un espacio deseado y muy solicitado por las parejas que contraen matrimonio civil, porque el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, con un acertado criterio histórico decidió en su día trasladar los desposorios a este marco de referencias históricas para sus ciudadanos.

Siempre a un paso de uno de los mejores hoteles en Gran Canaria, el Santa Catalina, o del bodegón anejo, para los convites y los festejos más o menos íntimos.

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