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Santa Ana, una plaza para la historia

nov 30, 2011 | Escrito por:

Plaza de Santa Ana Flickr Creative Commons by RafaPlaza de Santa Ana Flickr Creative Commons by RafaLa Plaza de Santa Ana es uno de los conjuntos de carácter arquitectónico y urbanístico más importantes del
patrimonio cultural de Las Palmas de Gran Canaria, En su perímetro se ordenan edificios singulares del pasado
de la ciudad y en sí misma es una muestra de una plaza de armas renacentista de aires coloniales.
Es renacentista, por su antigüedad y desde luego por su uso tradicional. Fue acotada como explanada de uso
civil y religioso probablemente cuando la Catedral de Santa Ana comenzó a construirse en su orientación actual,
mirando hacia el oeste, y en tiempos de su primer arquitecto Diego Alonso de Montaude, en 1500.
Como plaza de su época, es un espacio despejado, sin soportales, sin arcadas. Un lugar que fue mercado, zona
privilegiada para dar cuenta de bandos y alocuciones públicas, paso obligado de las procesiones religiosas que
salían y entraban en la catedral y especialmente plaza de armas.
Lugar donde se reunió a la milicia con mucha frecuencia y se tocó ‘a rebatos’ para preparar y aleccionar al
vecindario en los siglos XVI, XVII y XVIII, época en la que menudearon los piratas y sus amenazadores
desembarcos en la costa de Gran Canaria.
Alrededor de la Plaza de Santa Ana destaca la imponente fachada de la Catedral de Santa Ana, reformada en el
siglo XVIII y compuesta en piedra volcánica isleña que el tiempo ha ennegrecido aún más todavía. De espaldas a
la catedral, el edificio contrario, el situado justo al fondo, enfrente, es el del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran
Canaria.
Se trata de un edificio que susituyó al antiguo cabildo del siglo XVI que ardió en un incendio antes de mediados
del siglo XIX. El conjunto actual es de estilo ecléctico y fue terminado en 1850. Es obra del arquitecto provincial
de Cádiz, Jareño.
Su atribución es sólo oficial, y obligada, en tanto en cuanto, al no existir arquitecto oficial en Canarias, los planos
del edificio hubieron de ser firmados y autentificados por un profesional colegiado. Sin embargo, fue un carpintero
local, Montesdeoca, el que hizo todo el trabajo sucio del diseño completo de la obra en su conjunto, a él hay que
atribuirle verdaderamente el edificio del consistorio de la Plaza de Santa Ana.
Mirando en la misma dirección, y en el lado izquierdo, se levanta el edificio que alberga el Archivo Provincial,
auténtico rincón de la memoria de la historia local. Al otro lado, el Palacio Obispal, sede de los obispos de la
Diócesis Canariensis.
En la misma acera, y por encima, la casa del Obispo Encina, que fuera uno de tantos prelados canarios en
América. Aún por encima de la casa de Encina, la Casa Regental, cuya fachada fue completada en los primeros
años del siglo XIX y que es aún sede de los regentes de la Audiencia de Canarias.
De nuestra Plaza de Santa Ana, sólo quedan los perros, los famosos perros de la Plaza de Santa Ana, un legado
de una familia comerciante británica a la ciudad que es uno de los símbolos más populares, preciados y
reconocibles de una ciudad que recuerda su historia, casa a casa, frente a su catedral, en la Plaza de Santa Ana.
Santa Ana, una plaza para la historia.
Plaza de Santa Ana Flickr Creative Commons by Rafa
La Plaza de Santa Ana es uno de los conjuntos de carácter arquitectónico y urbanístico más importantes del patrimonio histórico de Las Palmas de Gran Canaria.
En su perímetro, se ordenan edificios singulares del pasado de la ciudad y en sí misma es una muestra de una plaza de armas renacentista de inequívocos aires coloniales.
Es renacentista, por su antigüedad y, desde luego, por su uso tradicional. Fue acotada como explanada de uso civil y religioso probablemente cuando la Catedral de Santa Ana comenzó a construirse en su orientación actual,
mirando hacia el oeste, y en tiempos de su primer arquitecto Diego Alonso de Montaude, hacia 1500.
Como plaza de su época, es un espacio despejado, sin soportales, sin arcadas. Un lugar para mercado, zona privilegiada para dar cuenta de bandos y alocuciones públicas, paso obligado de las procesiones religiosas que salían y entraban en la catedral y especialmente plaza de armas.
Lugar donde se reunió a la milicia con mucha frecuencia y se tocó ‘a rebatos’ para preparar y aleccionar al vecindario en los siglos XVI, XVII y XVIII, época en la que menudearon los piratas y sus amenazadores desembarcos en la costa de Gran Canaria.
La Catedral
Alrededor de la Plaza de Santa Ana, destaca la imponente fachada de la Catedral de Santa Ana, reformada en el siglo XVIII y compuesta en piedra volcánica isleña que el tiempo ha ennegrecido aún más todavía.
De espaldas a la catedral, el edificio contrario, el situado justo al fondo, enfrente, es el viejo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.
Se trata de un edificio que sustituyó al antiguo cabildo del siglo XVI que ardió en un incendio antes de mediados del siglo XIX. El conjunto actual es de estilo ecléctico y fue terminado en 1850 y es obra del arquitecto provincial de Cádiz, Jareño.
La atribución a Jareño es la oficial, y obligada, en tanto en cuanto, al no existir arquitecto oficial en Canarias, los planos del edificio hubieron de ser firmados y autentificados por un profesional colegiado.
Sin embargo, fue un modesto carpintero local, Montesdeoca, el que hizo todo el ‘trabajo sucio’ del diseño completo de la obra, a él hay que atribuirle verdaderamente y en voz baja el edificio del consistorio de la Plaza de Santa Ana.
Archivo Provincial
Mirando en la misma dirección, y en el lado izquierdo, se levanta la casona que alberga el Archivo Provincial, auténtico rincón de la memoria de la historia local. Al otro lado de la plaza, el Palacio Obispal, sede de los obispos de la Diócesis Canariensis y el lugar exacto donde la Inquisición aplicaba sus tormentos a puerta cerrada.
En la misma acera, y por encima, la casa del Obispo Encina, que fuera uno de los religiosos canarios que hizo fortuna en las Américas. Aún por encima de la casa de Encina, la Casa Regental, cuya fachada fue completada en los primeros años del siglo XIX y que aún es sede de los regentes de la Audiencia de Canarias.
De este espacio histórico, sólo quedan por comentar los perros, los famosos perros de la Plaza de Santa Ana. Un legado en hierro a la ciudad de una familia comerciante británica que pasa por ser  uno de los símbolos más populares, preciados y reconocibles de una capital que recuerda su historia, casa a casa, frente a su catedral.
Santa Ana, una plaza para la historia.

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