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Islas que brotan de la nada y saltan a la vista

ene 4, 2012 | Escrito por:

Hay un espectáculo visual que sigue seduciendo a los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, generación tras generación, que nunca cansa, y para el que nunca se agota la admiración, y es el de ver brotar prácticamente de la nada y sobre el horizonte a dos de las islas más cercanas, las de Tenerife y Fuerteventura.

Es un espectáculo que sigue cautivando porque no es previsible, porque cada vez que se dejan ver ambas islas, como puntos en el horizonte marino, lo hacen de manera sorpresiva, a veces durante unos pocos minutos, al alcance sólo de los que se sitúan en el lugar justo y en el momento indicado, al amanecer, al ocaso, en la dirección correcta.

Pero hay otras formas muy sencillas y cómodas de asistir al espectáculo. Sólo hay que subirse a cualquiera de los hoteles en Gran Canaria que abren sus puertas en la capital para ver ese brotar mágico desde una cómoda terraza.

La isla de Tenerife dista de la capital grancanaria algo más de cien kilómetros, la parte visible de Fuerteventura es el sur, la Península de Jandía, que está separada por unos noventa kilómetros de Océano Atlántico.

Fuerteventura es visible hacia el este, aunque para ser más exactos habría que decir este-sureste, por ejemplo, desde el frente litoral de la misma Avenida Marítima de Las Palmas de Gran Canaria. Se aprecia de ella los altos de Jandía, su cima más elevada, el Pico de la Zarza, apenas 802 metros sobre el nivel del mar, pero con altura suficiente como para corregir la curvatura de la tierra.

Esa curvatura de la tierra es la que oculta el tramo inferior de Jandía, en la zona de Cofete, que no es visible desde Las Palmas de Gran Canaria. Si la visión se hace a última hora de la tarde, cuando el sol está del lado de sotavento, quienes tengan mejor vista podrán distinguir hasta los relieves de los barrancos que van a caer sobre Cofete. Un espectáculo visual más.

Los ciudadanos de Las Palmas suelen comentar con avidez cuando vieron por última vez emerger sobre el horizonte a la isla de Fuerteventura. Y lo hacen, porque después de haberse observado, la lluvia es segura, según la tradición popular, tres días después. Por eso la gente de Gran Canaria dice aquello de ‘Fuerteventura, agua segura’.

Diga lo que diga el saber popular, hay una razón física y meteorológica para que Fuerteventura se descubra y llueva horas después. No es ningún secreto.

El viento dominante en las Islas Canarias se llama alisio, procede del noreste, es superficial y húmedo. Esa humedad es la que hace que surja como un velo en el aire, un velo formado por millones, más bien trillones, de pequeñas gotitas de agua, que ocultan todo lo que está detrás de esa cortina a poco que se ponga distancia de por medio.

Por eso, Fuerteventura no es visible desde Gran Canaria en la mayor parte de los días del año. Sin embargo, se descubre cuando cambia el viento, cuando desaparece el alisio y empieza a soplar el aire del vecino Sáhara, un viento africano que es más seco. Esa sequedad es lo que finalmente retira el velo de las gotitas de agua del alisio y hace aparecer de la nada a la isla de Fuerteventura.

Por lo demás, un cambio en las condiciones del régimen de los vientos y de la temperatura es habitualmente también motivo para que llueva y bajo esas condiciones, dentro de las setenta y dos horas siguientes. No es magia, pero lo parece.

El caso de la aparición de la isla de Tenerife sobre el horizonte tiene también su toque mágico, aunque por motivos diferentes. A la isla, se la ve desde Las Palmas de Gran Canaria por el norte, también cuando la densidad de humedad en el ambiente es menor.

En los días claros, se puede ver el espectáculo de la isla de Tenerife, con su cordillera de Anaga de tonos oscuros hacia la derecha del observador y a la izquierda, el Pico Teide, azul pizarra por sus reflejos de los celajes en la mayor parte del año, y blanco, cuando está nevado.

Los grancanarios suelen decir que la mejor visión del Teide es la que se tiene desde Gran Canaria, porque se ve en su conjunto, algo que no es posible, dicen, desde tan cerca, en la misma isla que le sirve de apoyo a su gigantesca mole.

La mejor visión de Tenerife de la parte baja de Las Palmas de Gran Canaria es la que se puede tener en La Puntilla, uno de los extremos de la Playa de Las Canteras. En días extraordinariamente claros, es posible ver hasta la capital, Santa Cruz de Tenerife que se muestra como un manto blanco casas uniforme que cae de arriba a abajo. Desde La Laguna a Santa Cruz con La Cuesta.

Una referencia para esas panorámicas de Tenerife, cualquiera de los hoteles de la primera línea del paseo de la Playa de las Canteras, entre los que se encuentran algunos de los mejores hoteles en Gran Canaria.

Cuando las condiciones son todavía mejores y brilla el sol, se ve un diminuto destello sobre el mar, es el reflejo del astro rey sobre los fragmentos de blancos azulejeados de la estructura del Auditorio de Santa Cruz de Tenerife de Calatrava. Es la aguja en el pajar de las visiones mortecinas de las islas vecinas.

Tenerife desde Gran Canaria Sergio Suárez


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